“Dios ha destinado la tierra y cuanto ella contiene para uso de todos los hombres y pueblos”, Gaudium spet, 69.
“Aún después de mi desaparición de esta tierra…no quisiera que sus hijos viniesen a ser esclavos, juguetes del capital extranjero».
Memoria de Juan Sinforiano Bogarín,
primer arzobispo de Asunción, 1935.
Por Dionisio Gauto Galeano
Este artículo explora cómo la visión de la creación que ha sido distorsionada por la codicia, convirtiendo bienes comunes vitales como el agua y la tierra en meras mercancías. Se analizan las devastadoras consecuencias de la deforestación y la privatización, planteando un llamado urgente a la defensa de estos bienes para garantizar la vida, la justicia social y el futuro de Paraguay.
Resumen
La visión del arzobispo Juan Sinforiano Bogarín, quien advertía en 1935 contra la esclavitud del «capital extranjero», resuena hoy con una verdad dolorosa. Los árboles y los bosques, elementos vitales de la creación, están siendo destruidos a un ritmo alarmante. Con frases de Martin Luther King y Mahatma Gandhi, el autor resalta que la tierra provee lo necesario para las necesidades humanas, pero no para su codicia.
En menos de 60 años, Paraguay ha perdido más del 90% de sus bosques, convirtiéndose en el país con el mayor índice de deforestación en América. La Ley de Deforestación Cero, que expiró en 2020, debe ser renovada para evitar que la situación se agrave aún más, ya que, como afirma la FAO, Paraguay pierde 180,000 hectáreas de bosques cada año.
La deforestación en el Chaco es un drama aparte. Con 800 hectáreas destruidas por día, esta región se enfrenta a la pérdida del 70% de sus bosques en la próxima década. La extinción masiva de abejas —cruciales para el 70% de nuestros alimentos— es solo una de las muchas consecuencias de este ecocidio, del que el propio gobierno es cómplice.
El agua, un recurso vital, es sorprendentemente abundante en la Tierra, pero su distribución es terriblemente desigual. Mientras que el 60% del agua dulce se concentra en solo 9 países, tres mil millones de personas no tienen acceso a agua tratada, lo que genera el 85% de las enfermedades. Este problema no es de escasez, sino de mala gestión y de una «sociedad de mercado» que ha convertido el agua en una mercancía.
El Acuífero Guaraní, un vasto reservorio que comparte Paraguay, es un objetivo de control global. Aunque existen leyes para su regulación, estas no lo declaran como un bien común o un recurso intransferible, inembargable, indivisible e imprescriptible. Esta falta de protección legal deja el acuífero vulnerable a intereses económicos y geopolíticos.
El autor concluye con un mensaje claro: la destrucción de la naturaleza y la privatización de sus recursos obedecen a una ideología en la que «la plata vale más que la persona». Es una lucha que va más allá de lo económico, ya que está en juego la supervivencia de la humanidad y la defensa de la vida misma.
La Creación en peligro: un ecocidio en Paraguay
Hablar de la Creación puede llevarnos a pensar en algo muy grande, incluso, abstracto, a veces. Pero veamos de qué hablamos cuando de la Creación hablamos: los árboles y la deforestación.
Encontramos unas ideas inspiradoras. Martin Luther King dijo: «Si supiera que el mundo se acaba mañana, yo hoy todavía plantaría un árbol». “Los árboles son el esfuerzo de la tierra para hablar con el cielo que escucha”, dice Rabindranath Tagore. “La tierra proporciona lo suficiente para satisfacer las necesidades de cada hombre, pero no la codicia de cada hombre”, Mahatma Gandhi. “¿De qué sirve una casa si no se encuentra con un planeta tolerable dónde situarla?”, dice otro. “Convertir un árbol en leña y podrá arder para vosotros, pero ya no producirá flores ni frutos» (Rabindranath Tagore). “»A veces nuestro destino se asemeja a un árbol frutal en invierno; ¿quién pensaría que esas ramas reverdecerán y florecerán? Pero esperamos porque lo sabemos», es una cita del escritor alemán Johann Wolfgang von Goethe. “El mal es árbol que crece y que cortado retoña», José Hernández.
La deforestación en la región oriental de Paraguay es un problema grave. En 1940, había aproximadamente 8 millones de hectáreas de bosques densos y continuos. A partir de 1960, la «marcha hacia el este» abrió rutas, trajo asentamientos agropecuarios y una drástica disminución de los bosques densos y continuos.
En 2004, en menos de 60 años, Paraguay perdió más del 90% de sus bosques, que quedaron fragmentados, desgastados y aislados unos de otros. En consecuencia, el país tiene el mayor índice de deforestación en América y es el segundo en el mundo.
Se ha implementado la Ley de Deforestación Cero, que logró bastante, pero no lo suficiente. Esta ley finalizó a fines de diciembre de 2020. Debe ser renovada o prolongada al menos por 10 años más. Más de 60 organizaciones de la sociedad civil trabajan con este fin. Se debe garantizar la renovación de esta ley, pues «si no hay bosques, no hay vida». Según la FAO, Paraguay pierde 180,000 hectáreas de bosques cada año, cifra que se mantiene desde hace 20 años.
Las abejas y la deforestación en el Chaco
Las abejas son de gran importancia por la miel que producen y por su papel en la polinización y reproducción de las plantas. El 90% de las especies de abejas en el mundo ya desaparecieron. Hay más de 16,000 especies de abejas conocidas y muchas están en peligro de extinción, principalmente por la deforestación. El 70% de los alimentos que consumimos a diario dependen directa o indirectamente de las abejas.
El Chaco paraguayo es hoy víctima de la deforestación más acelerada del mundo, con 800 hectáreas de bosques deforestadas por día. En el 2020 la pérdida boscosa ascendía al 40%. Se estima que en 10 años, el Chaco paraguayo perderá cerca del 70% de sus bosques. El territorio del pueblo Ayoreo de Puerto María Auxiliadora, cuyo cerro Siete Cabezas es amenazado por deforestadores brasileños, contra quienes las autoridades policiales, judiciales y fiscales no actúan. Los Ayoreos quieren preservar su cerro, donde están asentados. Este está en Cucaani. Los brasileños no respetan a nada ni a nadie.
Ecocidio y cambio climático en Paraguay
La deforestación no solo representa la pérdida de plantas; también destruye especies nativas y ecosistemas. El cambio climático es una consecuencia directa de la deforestación en Paraguay. El país ya es considerado uno de los más calurosos del mundo, un infierno en la tierra llamado Paraguay. En los últimos 20 años, Paraguay, que estuvo gobernado por casi 70 años por la extrema derecha, fue uno de los más deforestados.
Desde el 2001 hasta el 2021, se deforestó más de 7 millones de hectáreas de árboles nativos para plantar soja. El propio gobierno, el Ministerio del Ambiente y otros organismos de control son cómplices y encubridores de este ecocidio.
Una multa por infringir una ley de tránsito es 10 veces mayor que una multa por cortar y quemar 50 árboles de 100 años de antigüedad.
Este ecocidio y la expulsión de comunidades indígenas con más de 300 años de antigüedad buscan vender las tierras a brasileños y otros extranjeros para plantar soja en las regiones oriental y occidental. Se prevé que si se sigue deforestando de este modo, ya el Paraguay sería el país más caliente de la tierra.
Un futuro incierto
¿Cómo es la vida en un territorio deforestado, donde solo tenemos soja, arroz, maíz o girasol?
En estos lugares no hay población ni urbanización. Además de la población humana, la de insectos también disminuye. La tierra se vuelve muy seca y pobre, no hay humus.
Además, estas plantaciones son de semillas genéticamente modificadas. La fumigación aérea con aviones envenena las escuelas, el agua y los cultivos de los campesinos. Detrás de estas semillas modificadas están las industrias, y el negocio es «redondo». El ingrediente que llega a los alimentos que consume la población no se consigue de forma natural.
¿A qué ideología responde esto? A la idea de que la plata vale más que la persona. No importa poner en peligro la vida humana con tal de producir suficientes ingresos monetarios.
La Creación y el destino universal de los Bienes
En el marco de las reflexiones sobre El Evangelio y la Creación, se presenta el pensamiento de la Iglesia Católica, específicamente a los conceptos expresados en el Concilio sobre el destino universal de los bienes creados.
El documento conciliar Gaudium et spes (Gozo y Esperanza) establece que todo lo que nos da la naturaleza —la tierra, el agua, el aire, el medio ambiente— debe llegar y alcanzar a todos, según la exigencia de la justicia y la equidad (Gaudium et spes, 69).
Por su parte, el Papa Francisco habla de la ecología integral, que implica cuidar y conservar la tierra como una creación, a la que califica de bien común. Él mismo ha dicho que «el clamor de la tierra es el clamor de los pobres» y que «el daño a la tierra es un daño a los pobres». De esta forma también, además de otros aspectos, se refiere al envenenamiento con agrotóxicos.
La Conferencia Episcopal Paraguaya, CEP, en su documento de 1983, “El campesino paraguayo y la tierra. La tierra para el que la trabaja”, también emitió un pensamiento sobre este tema: “hay que ayudar a los agricultores para que aumenten su capacidad productiva y comercial, y no queden «reducidos, como sucede con frecuencia, a la situación de ciudadanos de inferior categoría», como se afirma en Gaudium et spes 66.
El desarrollo y el derecho a la subsistencia
El Concilio también enfatiza que el desarrollo debe permanecer bajo el control del ser humano y no quedar en manos de unos pocos (Gaudium et spes, 65).
Un aspecto crucial que quiero destacar es el derecho a la subsistencia. El Concilio, citando a los Santos Padres del siglo V, afirma que «quien se halla en situación de necesidad extrema, tiene derecho a tomar de la riqueza ajena lo necesario para sí». En otras palabras, «lo mismo que alimenta al que muere de hambre, porque si no lo alimentas lo matas», dice (Gaudium et spes, 69.
El Agua: un Bien abundante, pero desigualmente distribuido
Según datos, la Tierra posee cerca de 1,386 millones de kilómetros cúbicos de agua. De este total, el 97,5% es agua salada y solo el 2,5% es agua dulce. De esa fracción dulce, únicamente el 0.7% es directamente accesible para el uso humano.
La paradoja de la abundancia del agua
Del 0.7% de agua dulce accesible, el 70% se destina a la agricultura y el 22% a la industria, dejando el resto para el consumo humano y animal. A pesar de que la renovación anual de las aguas es de 43,000 kilómetros cúbicos y el consumo total es de 6,000 kilómetros cúbicos, lo que sugiere una superabundancia, la distribución es profundamente desigual.
La desigualdad en el acceso al agua
Cerca del 60% del agua dulce se concentra en solo 9 países, mientras que 80 naciones enfrentan escasez. Menos de mil millones de personas consumen el 86% del agua disponible, en contraste con 1,400 millones para quienes el suministro es insuficiente. En 2020, tres mil millones de personas no tenían acceso a agua tratada, lo que se relaciona directamente con el 85% de las enfermedades comprobables. Se estima que para el año 2032, cerca de 5,000 millones de personas se verán afectadas por la crisis del agua.
El problema no es la escasez, sino la mala distribución para satisfacer las demandas humanas y de los demás seres vivos. En la actualidad, carecemos de una cultura del agua.
El Agua: ¿Fuente de Vida o fuente de lucro?
El agua dulce, al ser un recurso escaso, se ha convertido en un bien de alto valor económico. Hemos pasado de una economía de mercado a una sociedad de mercado, donde todo se transforma en una mercancía. En este contexto, existe una carrera mundial desenfrenada por privatizar el agua para obtener grandes beneficios. Empresas multinacionales buscan comprar fuentes de agua dulce en todas partes del mundo. Por eso cabe preguntarnos: “El agua es ¿fuente de vida o fuente de lucro?”.
- ¿Es el agua una fuente de vida, un bien natural, vital, común e insustituible?
- ¿O es un bien económico, un recurso hídrico que debe ser tratado como una mercancía?
La vida en la Tierra surgió hace 1,800 millones de años en el agua. El agua pertenece al derecho a la vida; no se puede vivir ni consumir nada sin ella. El 28 de julio de 2010, la ONU declaró el acceso al agua limpia y segura y al saneamiento básico como un derecho humano fundamental. A pesar de que los recursos hídricos tienen sus costos económicos, es crucial luchar para que el agua no se considere una mercancía. Se deben conservar los bosques y selvas en pie; y, reforestar lo más posible. Cada día mueren 6,000 niños de sed, y 18 millones de niños dejan de ir a la escuela para buscar agua a 5 o 10 kilómetros de distancia.
El agua no es mercancía
En la encíclica Laudato Si’, el Papa Francisco aborda el agotamiento de los recursos naturales (número 27) por el consumo excesivo y el desperdicio en los países ricos. La pobreza del agua afecta especialmente a África, afecta la producción de alimentos causando enfermedades como la diarrea y el cólera, que llevan a la mortalidad infantil.
Las aguas subterráneas están contaminadas por actividades industriales. La tendencia a privatizar el agua en algunos lugares la convierte en una mercancía, a pesar de ser un derecho humano básico y una condición para el ejercicio de otros derechos, como la alimentación y la salud. En muchas partes, el problema del agua es educativa y cultural, además de la ideología de que el “agua es mercancía”. Se prevé que la escasez de agua aumente el costo de los alimentos y que el control de este recurso por parte de grandes empresas mundiales se convierta en una de las principales fuentes de conflictos en este siglo.
El Acuífero Guaraní: un tesoro amenazado
Paraguay es parte del Acuífero Guaraní, un vasto reservorio de agua subterránea con una extensión de 1,200,000 km², que abarca territorios de Paraguay, Argentina, Brasil y Uruguay. A cada Estado le corresponde la parte del acuífero que pasa por su territorio. A Paraguay le corresponden 71,700 km²; Brasil, 840, 000 km2; Argentina, 225.500; Uruguay, 45000 Km2.
Según expertos, el Acuífero Guaraní podría estar siendo controlado por Estados Unidos, debido a la presencia periódica del Comando del Ejército Sur, USA, en la Triple Frontera, bajo el pretexto de rumores sobre terroristas.
Aunque Paraguay cuenta con una Ley de Recursos Hídricos (Ley N° 3239/2007) y ha aprobado el Acuerdo sobre el Acuífero Guaraní (Ley N° 6037), ninguna de estas normativas enfatiza que el agua es un bien común con las exigencias de ser intransferible, inembargable, indivisible e imprescriptible.
La Ley N° 6037, que aprueba el acuerdo con Argentina, Brasil y Uruguay, se limita a establecer el marco de cooperación entre los países para la gestión del acuífero. Por su parte, la Ley de Recursos Hídricos regula el uso y aprovechamiento del agua en el país, pero no declara el agua como un bien inalienable de la nación. Esta falta de una definición legal robusta podría dejar el recurso vulnerable a la privatización y al control por parte de empresas o intereses extranjeros.
Conclusión: el desafío de la creación y el futuro de Paraguay
La advertencia del arzobispo Juan Sinforiano Bogarín, lejos de ser una simple nota histórica, se revela como la clave para entender el presente de Paraguay. La tierra y el agua, elementos fundamentales de la creación, están en el centro de un conflicto ideológico donde el lucro se impone sobre la vida. La devastadora deforestación, la privatización de los recursos y la impunidad de las grandes empresas no son fenómenos aislados, sino la expresión de una única filosofía: que la plata vale más que la persona.
“Dios ha destinado la tierra y cuanto ella contiene para uso de todos los hombres y pueblos”, Gaudium et spet, 69.


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