Hoy, 25 de abril de 2026, recordamos 95 años de una historia que marcó importantes momentos de nuestra Iglesia y la sociedad: la Acción Católica. Para Virginio Torres Cantero, “la Acción Católica fue lo más exitoso que hubo en cuanto a evangelización y formación en Paraguay”. Era una organización fuerte en la Iglesia, con una estructura propia, sólida y abarcante. Fue fundada en el Paraguay el 25 de abril de 1932 por el arzobispo de Asunción, monseñor Juan Sinforiano Bogarín, como una organización de laicos comprometidos con el servicio a la Iglesia y enfocada en la formación espiritual y el compromiso social: caridad cristiana, justicia social y paz.
Nuestra estructura
Virginio empezó a militar en la Juventud Obrera Católica (JOC) y, con ella, en la Acción Católica. La organización tenía sus espacios tradicionales donde se encontraban grupos tales como la JAC (Asociación de Jóvenes de la Acción Católica), la Asociación de Señoritas de la Acción Católica —en la que militaba Chiquitunga— y también había espacios para los Hombres de Acción Católica, entre otros. “Estos eran los cuatro espacios tradicionales”.
Pero la Acción Católica no se limitaba a esa organización interna; formaba los llamados movimientos especializados, entre los que estaban la Juventud Obrera Católica y la Juventud Agraria Católica (JAC). “Uno de sus dirigentes ha sido Gregorio Gómez Centurión, el poeta Villetano”, dice Virginio. Estaban también los educadores católicos, estudiantes católicos, etc. “La Juventud Agraria Católica nos dio muchos mártires; en San Juan, Misiones, estaban organizados de una manera espectacular. Todo esto surgió de un tronco común: la Acción Católica, de donde salieron los líderes que luego forjaron la Democracia Cristiana y los movimientos sociales”.
El legado de monseñor Bogarín Argaña
Virginio Torres recuerda que monseñor Ramón Bogarín Argaña fue uno de los más grandes impulsores de los movimientos populares católicos y las ligas agrarias. Él trajo de Roma toda la experiencia de la Acción Católica italiana. “Él atendía en su oficina, que se encontraba en el Panteón de los Héroes; era muy sabio y sabía detectar talentos. Nos decía: ‘Les voy a dar una misión’. Recuerdo que una vez dijo al padre Ángel Sauá y a Chiquitunga: ‘Van a hacer acompañamiento a la JOC’. Y Chiquitunga se lo tomó a pecho; la veíamos en la cancha del Club Guaraní, en las grandes manifestaciones, donde salíamos a invitar a la gente y en otras de nuestras actividades”.
La tarea de nuestra organización se encontraba en los ambientes concretos. “Mientras la CPT (Confederación Paraguaya de Trabajadores) estaba totalmente entregada a la dictadura, nosotros, desde la Acción Católica, impulsamos el movimiento sindicalista paraguayo y, luego, la Central Nacional de Trabajadores (CNT), con dirigentes como Virginio Fernández, entre otros. En esa época, con Cristóbal Vera, Arnaldo Gutiérrez y el padre Américo Ferreira, teníamos ‘ojo de ojeador’ para captar y formar jóvenes”, recuerda.
El proceso: ver, juzgar y actuar
No era fácil formar parte de la JOC; había que pasar por varias etapas. “Para ser militante no bastaba con querer; había que pasar por un proceso. Teníamos una biblioteca; leer era obligatorio. Primero eras simpatizante, luego postulante. Ahí aprendías el método: ver, juzgar y actuar”.
En nuestras reuniones semanales, el orden del día era sagrado: oración, lectura del Santo Evangelio, revisión de las consignas anteriores y un informe de los hechos concretos de la semana. “¿Qué pasó con el compañero desocupado? ¿Quién tuvo que emigrar? Eso era ser militante. Llegar a serlo era un paso solemne; nos consagrábamos al apostolado con vela en mano, igual que un diácono o un sacerdote”, dice.
La mística: vestir la camiseta
“Hay que tener mística”, afirma. ¿Y qué es la mística? “Es el compromiso concreto. Si no tenés mística, no llegas lejos. Se dice, vulgarmente, que si querés ser militante, tenés que ‘vestir la camiseta’”.
Virginio, junto con otros, pasó de la JOC al Movimiento Obrero Católico (MOC) y formó parte del Sindicato de Empleados del Comercio (SEOC), además de ser integrante de la directiva de la entonces Coordinación Nacional de Trabajadores (CNT). Compartió con muchos líderes muy fuertes que ya pasaron al otro lado de la vida y algunos que siguen con nosotros.
Según Virginio, monseñor Joseph Cardijn, sacerdote belga, fundador del movimiento especializado en el mundo obrero juvenil de la Acción Católica y la juventud Obrera Católica, tuvo mucha influencia en la formación de muchos líderes y dirigentes en nuestro país. Estas personas forjaron el surgimiento de varios líderes que marcaron época en nuestro país y cuyos aportes siguen hasta hoy.
La cuestión del laicado no ha sido fácil; era un tiempo en que la Iglesia se estaba abriendo con el Concilio Vaticano II y las posteriores conferencias episcopales latinoamericanas. Por suerte, también entre los sacerdotes surgieron varios con gran práctica y crítica social y política, lo que ayudó a despertar al laicado.
Esta época, señalada por Virginio, ha sido de resistencia y descubrimiento. Por supuesto que no toda la Iglesia estaba en esta línea, pero las organizaciones que surcaban este camino marcaron la diferencia, iniciando así un largo recorrido que pisó fuerte en toda la época dictatorial, con grandes acciones que apoyaban también al movimiento social y político que buscaba una convivencia democrática y, para los laicos y religiosos comprometidos, la construcción del Reino en la Tierra: el Dios con nosotros.
La Acción Católica cumplió una gran tarea en este tiempo: vivió un tiempo profético y marcó una etapa de compromiso con la sociedad.
Nota: las imagenes fueron proporcionadas por Virginio Torres. Las mismas muestran algnos momentos de la militancia en la Accion Católica y los movimientos especializados.


Leave a Comment