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Melón a 700 guaraníes cada uno

Con muchas ganas preparó una hectárea y media para el cultivo del melón. Su chacra es más grande, donde tiene también otros productos. Los años anteriores también plantó lo mismo. Al momento de la comercialización la chacra casi siempre deja frustración, al momento de cultivar se hace con toda esperanza. “Lo  mínimo que podía valer mis melones eran 2000 guaraníes cada uno, pero tuve que venderlo a 700 guaraníes”, dijo don Carlos Duarte, productor de la compañía Hugua Mercedes, del distrito de General Aquino, Departamento de San Pedro.

 

Una granizada de desgracias ocurrió en la vida de don Carlos Duarte, productor de 39 años, que vive con su esposa y dos hijas en Hugua Mercedes, de General Aquino. Tiene una parcela de 9 hectáreas. Como años anteriores, cultivó nuevamente una hectárea y media de melones, de la cual obtuvo cerca de 8 mil frutas. Cuando ya todo estaba como para enviarse a los mercados, como debería, los precios empezaron a cambiarse. Cada vez mas se alejaba del monto con que él soñaba vender mínimamente: 2000 guaraníes cada uno.

Yo, según mi experiencia, iba a vender por lo menos a 2000 guaraníes cada melones, pero tuve que dar a 700 guaraníes cada uno. Ya no tenía remedio. Tenía que vender a cualquier precio, sino se iba a perder todo. Vino el comprador, cargó en el camión y me pagó a 700 guaraníes por los melones”, comentó don Carlos.

Dijo que pudo vender unos 3500 melones. Haciendo un rápido cálculo, don Carlos recibió por sus melones menos de 2 millones quinientos mil guaraníes. Los demás no pudo vender porque ya están perdidos, pero “ahora estamos sacando las semillas del melón porque eso se puede vender en Chore, me dijeron, a 10 mil guaraníes el kilo pagan,  y eso estamos haciendo”. Don Carlos no supo decir qué se hace de las semillas por eso van a comprarles. Una idea es que se produzca alguna medicina alternativa o, bien, para convertirse en semillas de melones que venderán a los mismos productores en la siguiente zafra.

La alegría de don Carlos estaba en que por lo menos no quedó debiendo con el monto. “Mucho trabajé. Yo compré la semilla, los insecticidas, 30 kilos de papel diario -hojas de diarios que se venden por kilo – y además pedí a otras personas que me ayudaran, porque es difícil manejar solo”, refiere. Y afirma “por lo menos no quedé debiendo, salí empatando, aunque desde mañana tengo que ir a trabajar en la chacra de los vecinos para pagarles mi deuda, hacemos tipo minga. Iñakarë asë, nda devéi apytávo, pero na hembýi chéve mba’evete avei”. Para pagar una parte del personal que necesitaba tuvo que vender un chancho. Y para la cosecha de la otra mitad recurrió a los amigos para cosechar en modo minga.

El papel diario utiliza para cubrir cada fruta de melón. Con los 30 kilos solo pudo cubrir unas 4200 frutas; otra parte lo hizo con otro tipo de papel, pero la lluvia se encargó de hacerlos desaparecer. Y, los demás, quedaron a merced de la suerte. Cada fruta de melón pesaba más de tres kilos, por esa razón el puso como precio mínimo, 2000 guaraníes. Según su cálculo, el precio de estos melones en el mercado alcanzaría unos 6 a 7 mil guaraníes.

El papel-diario no se conseguía en el distrito. Tenía que buscar en otra ciudad. Encontró, esta vez, en la Ciudad de Guayaybi, unos 60 kilómetros de la compañía. Y esa búsqueda no se haría en menos de un día.

 

“Los paraguayos somos guapos”

Nosotros como paraguayos somos guapos, y tenemos que trabajar, porque si no trabajamos no vamos a alzar nada”, dice. La mandioca también tuvo un precio mínimo, “casi un regalo, porque si no vendíamos a ese precio íbamos a perder todito”. También cultiva maíz, sésamo, mandioca entre otros. “Tengo una hectárea y media de sésamo que cosechar en enero. No se cuánto pagarán esta vez. Realmente es difícil porque hay muchas dificultades, fue difícil producir porque se tuvo que cuidar muchísimo de los bichos”, dijo don Carlos.

Don Carlos, su esposa y sus dos hijas trabajan en la chacra. Para la producción y cosecha del melón todos trabajaron, pensaba que así podía ahorrar.

Vender al costado de la ruta

En vista de los bajos precios, consultamos a don Carlos si pensó en poner un “puestito” en la ruta y vender en casillas, así como hay muchas en esa zona. Y su respuesta fue un rosario de desgracias, de nuevo. “Si, ya probamos eso. Con un amigo que tenía una camionetita llevamos nuestro producto. Al salir a la ruta nos alteó la policía caminera y nos multó porque no teníamos cinturón de seguridad. Luego cuando quisimos instalarnos en el centro de General Aquino para vender, nos pidieron el pago por un lugar”.

 

 

¿Alguna esperanza

  • ¿Tienen alguna esperanza de vivir mejor?
  • Jaikuaa niko upéva. Eso es lo que esperamos, que todos vivamos bien.

Don Carlos es un productor que trabaja con su familia y en ciertos momentos con sus vecinos y parientes en “modo minga”, pero no forma parte de ningún comité de productores ni organizaciones de productores. “Nos falta la organización”, dice, “necesitamos que alguien nos apoye, porque siendo flojos no podemos avanzar”.

Manifestó que en la zona nunca tuvieron un apoyo técnico ni crediticio del Ministerio de Agricultura y Ganadería, ni de otras instituciones. Dice que hay como 40 familias en la misma situación en Hugua Mercedes, tocando ya el Estero Jetyty.

¿Y la Municipalidad?

“No, la municipalidad no nos ayuda en nada. El Intendente aquí no sabe qué hacer de las vacas y entonces permiten que las vacas anden tranquilamente por las calles del pueblo”, cuenta. La autoridad local, la institución que debe desarrollar planes para el desarrollo de la población, la que debe buscar soluciones a los problemas de la población, la que debe cuidarla, no existe para los productores, según expresiones de don Carlos.

No confía en las organizaciones campesinas. Expresa que han tenido experiencias negativas de organización.

En vez de carpir asfalto es mejor quedarnos en la casa y carpir nuestra chacra”, manifiesta. La expresión “carpir asfalto” no quedó clara por la que se le pidió aclaración. “Lo que pasa es que cuando vamos a hacer manifestaciones, algunas organizaciones hacen demostraciones de cómo trabajar, entonces nos manda hacer una demostración carpiendo el asfaltado”, aclaró.

Se refería a las actividades y dinámicas de los grupos, de las organizaciones cuando están en manifestación. Para buscar que la gente siga concentrada en los objetivos de la manifestación se preparan varias actividades, demostraciones de cómo trabajan, cómo carpen, cómo corpen; sketch sobre algunos problemas,   recitados, cantos, ensayos de desfiles, sapukái, trotes, etc. distintas formas de hacer que el grupo esté activo y no sienta el cansancio de una movilización. Las movilizaciones, aunque fueran de protestas, siempre tienen sus momentos de encuentro y demostraciones artísticas.

Haciendo cálculos

Don Carlos habrá trabajado unos cuatro meses para la producción del melón. Este tiempo incluye la preparación del terreno, compra de semillas, siembra, control de plagas, carpidas, luego cuidado de los frutos del melón, la cosecha, juntar en un lugar (en este caso en la pieza de la casa) y luego la comercialización y limpieza del terreno al final.

Los gastos realizados consisten en compras de semillas, compras de herramientas, plaguicidas, compras de papel para protección, del riego se encarga la naturaleza. Permanente ocupación de don Carlos, la señora esposa y también las niñas, pagos a colaborador, etc. Es difícil de realizar un cálculo aproximado si no se hizo antes, en un presupuesto, aunque sí el productor puede hacer este ejercicio.

Entonces, cuando don Carlos dice que “empató, por lo menos”, y que no “quedó debiendo”, se refería a los gastos “en efectivo” que hizo, pero no incluye el costo del personal ni de otros aspectos. Tuvo que vender un chancho para pagar a unos vecinos para que le ayude. No se valorizó el chancho. Tampoco se tuvo en cuenta la alimentación de la propia gente que trabaja, entre otros aspectos.

Si don Carlos vendía sus melones a 2000 guaraníes, habrá recibido unos 15 millones de guaraníes, porque cosechó 7500 melones. No se sabe si con los 15 millones iba a tener ganancias porque no se hizo el cálculo. Pero, sí es cierto que 15 millones es muy diferente a 2500000 guaraníes.

La organización como herramienta de solución

En la misma reflexión de don Carlos se pueden observar algunas líneas de solución de estos problemas. Manifestó que el pequeño productor necesita el “seguro agrícola”, y también recordó que lo que hace está dentro del enfoque de la agricultura familiar campesina.

La solución de muchos de los problemas sufridos por esta familia está en la eficaz acción estatal a la que se llega mediante la organización de los productores, no en forma individual, y también por gestión de las instituciones locales, como la Municipalidad y las oficinas regionales de las instituciones que atienden este rubro.

Es necesario que los productores se organicen para enfrentar juntos la situación. Ya son muchos los años que se repiten “que la mandioca se tuvo que vender a 100 guaraníes el kilo”, o que el “tomate solo a 2000 guaraníes”, o, como ahora, el melón a 700 guaraníes cada uno.

La desgracia de don Carlos y de tantos otros, debería de servir como un toque de alerta, un llamado a la organización de los mismos productores, llamado a las autoridades representativas, como concejales municipales, departamentales, la gobernación y las instituciones centrales.

No es razonable seguir viviendo de esta manera. Es inhumano. No tiene ninguna relación con la dignidad de las personas. Y estos son apenas algunas formas de violencias que sufren los campesinos. Y así no puede ser.

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