Nilo Zárate*
En la cosmovisión guaraní, la lucha por los derechos territoriales va más allá de la tierra: se trata de una defensa existencial de su «modo de ser» o ‘teko’, el cual está intrínsecamente ligado a su territorio o ‘tekoha’. El despojo de su ‘tekoha’ no solo les quita un espacio físico, sino que ataca directamente la esencia de su identidad cultural y espiritual. El caso de las comunidades Ava Guaraní Paranaense, desplazadas por la represa de Itaipú, es un ejemplo claro de cómo la pérdida del territorio fractura el ‘teko’, interrumpiendo rituales y prácticas ancestrales. La reivindicación territorial es, por lo tanto, un acto de resiliencia y una batalla por la supervivencia de un pueblo, cuyo futuro depende de la posibilidad de recuperar y proteger el espacio donde su ‘teko’ puede seguir existiendo.
Para inaugurar este seminario que lleva por nombre Derechos territoriales, me gustaría recordar la distinción y, por ende, la relación que Meliá menciona en forma muy original entre los términos teko y tekoha.
Meliá nos recordaba que Teko es “modo de ser” o “modo de vivir”, que no se reduce a “costumbre” o “cultura”, sino que apunta al horizonte integral de lo humano. Es la cotidianidad de existir como persona y como pueblo que incluye lo ético, lo social, lo espiritual, lo mítico.
Este modo de ser incluye normas de convivencia, prácticas religiosas, formas de organización, maneras de relacionarse con los demás y con la naturaleza que se van actualizando comunitariamente en forma dinámica. Esta forma holística e integradora de ser es muy propio de nuestros pueblos indígenas y sobremanera de los guaraníes que no separan lo cotidiano, lo mundano, de la dimensión espiritual.
Meliá insiste que este teko no puede darse sin el Tekoha. Este tekoha es el territorio donde se hace posible vivir el teko, donde se realiza el modo de ser. El territorio en sentido pleno: no solo tierra, sino entorno donde se integran naturaleza, vínculos humanos y la memoria de los antepasados. El territorio es el espacio de identidad donde se aprende la lengua, los mitos, los ritos y la organización social según aquel teko.
Entonces, entre teko y tekoha se alza una relación inseparable, una necesidad de relación ontológica entre ambas. El teko no existe en abstracto, necesita un tekoha para ser vivido. El tekoha no tiene sentido si no encarna y resguarda un teko. He aquí la relación inseparable entre ambas.
De aquí las conclusiones: que queremos nutrirnos de los aportes y las experiencias de los demás, de los mismos afectados de aquellos despojos territoriales. ¿Cuál es esa conclusión?: el despojo territorial no solo quita tierra, sino que ataca directamente el modo de ser, el modo de ser guaraní.
Aquel desplazamiento forzoso de comunidades indígenas cometido por la binacional Itaipu no solo despojó a los Ava Guarani paranaenses de su tekoha tradicional, sino que amenazaron y golpearon directamente la manera de ser de estos pueblos, imposibilitándoles de un lugar donde desarrollar su manera de ser.
Porque las reubicaciones forzosas fueron hechas en ambientes no precisamente adecuadas a su forma tradicional de vida y de su cultura. Cuando las comunidades son expulsadas o confinadas a espacios pequeños, el teko se fractura, porque se interrumpen las prácticas rituales, de caza, cultivo, y convivencia. La pérdida del tekoha equivale a una pérdida de identidad y de futuro, pues sin territorio no hay continuidad del teko.
La reivindicación de los derechos territoriales no es solo de tierra o solo económica, sino existencial y espiritual. Recuperar tekoha es defender la posibilidad de seguir siendo pueblo guaraní.
Este seminario sobre derechos territoriales debe recordarnos la necesidad de favorecer en los sobrevivientes el ejerció de la memoria justa, de celebrar a los que resistieron y de localizar a las víctimas. Además, debe proponer la formulación de políticas nacionales de reparación del daño histórico infringido contra estas comunidades y concretar de una o de otra manera la restitución de los territorios ancestrales.
¡Viva la resistencia de las comunidades Ava Guarani paranaenses! ¡Viva tekoha Sauce!
Desplazamiento más grande de la región
Hace más de cincuenta años sucedió la firma del Tratado de Itaipú entre los gobiernos de Paraguay y Brasil, que dio origen a una de las mayores represas hidroeléctricas del mundo hasta entonces. Pero se dio también el desplazamiento forzoso de comunidades indígenas más grande de la región: cientos de familias indígenas del pueblo Ava Guaraní Paranaense, quienes habitaban ancestralmente ambas márgenes del río Paraná, fueron despojados de su tekoha tradicional, desplazados y reubicados forzosamente en ambientes no precisamente adecuadas a su forma tradicional de vida y de su cultura.
Y se cumplen más de 10 años de la resistencia de una de las comunidades que se convirtió en la insignia de la resistencia y resiliencia de los Ava paranaense. Me refiero a la comunidad tekoha Sauce.
Aprovechando el recuerdo de la resistencia de esta comunidad, y de aquellas que fueron desplazadas, y no indemnizadas adecuadamente, quisiera marcar o resaltar la necesidad de hacer una memoria justa de los penares de esas comunidades y del reclamo de la deuda histórica que hemos adquirido con ellas. Y lo hago como una indicación de recuperar la memoria como ejercicio terapéutico de los Ava paranaense; como señalación de la resiliencia de un pueblo y como reclamo de deuda histórica con estas comunidades, que, si no se da, tampoco puede darse la memoria justa y terapéutica porque esa memoria seguirá reclamando los efectos de aquel holocausto.
Subestimación y ceguera institucional
La hermana Mariblanca (2016), nos recuerda que, el número real de las comunidades desplazadas por aquel proyecto asciende al menos a 543 familias pertenecientes a 36 comunidades ubicadas a lo largo de la costa del Paraná, mientras que la institución binacional solo admite 234 comunidades del lado paraguayo. Las cifras de Mariblanca han sido confirmadas con posteriores investigaciones. Esta diferencia evidencia una subestimación y una ceguera institucional de la magnitud del desplazamiento y de su impacto social, cultural y territorial. Del cual podríamos también asumir una responsabilidad moral histórica de no haber proporcionado estudios certeros y más amplio en la época como insumos a la institución.
Hecatombe cultural
Además de este impacto humano, del hecatombe cultural que sufre estas comunidades indígenas, se le suma, con posterioridad, otro factor que traerá también violencia y cambio cultural: la ocupación ilegal de las mejores tierras no inundadas cedidas al proyecto de “auge de la agricultura capitalista”. Estas entregas de tierras no son devoluciones a los legítimos dueños, sino a grandes capitalistas sojeros, violando así leyes nacionales que defiende una franja protectora en la frontera de al menos 50 kilómetros que no pueden ser cedidos a extranjeros, y sin embargo está lleno de sojeros brasileños. Estos traen una segunda oleada de desalojos directos y violentos de las comunidades indígenas.
Últimos trabajos realizados justamente por persona del propio pueblo Ava Guaraní paranaense con apoyo de la asociación Yvy Paraná Yrembe’ýpe, indican e identifican poblaciones desplazadas, entrevistan a sobrevivientes y elencan personas fallecidas y sus descendientes. El equipo censal recorrió comunidades, recuperó memorias, y sistematizó datos que hoy permiten dimensionar la magnitud del despojo. Y podremos acceder a ellas próximamente, porque el libro está por publicarse.
Memoria y resiliencia de los Ava Paranaenses
Quisiera por eso mencionar la resiliencia de estos pueblos. Esto desplazamientos forzosos, estos despojados de su tekoha, han imposibilitado en ellos el desarrollo normal y armónico su manera de ser, su teko.
Toma el concepto de la antropóloga Claudia Cáceres que señala la resiliencia como la capacidad que permite elaborar y superarse de las adversidades sobreponiéndose a sus efectos. Esta resiliencia se presenta como un proceso dinámico y colectivo, que a pesar de lo que han tenido que sufrir, han sabido salir fortalecidos de esa situación, manteniendo sus pautas culturales y prácticas espirituales.
Estos ejercicios de la memoria aportan para aquella resiliencia. Estos ejercicios de la memoria es otro elemento para recuperar y fortalecer la manera de ser guaraní.
Él ejercicio de la memoria, el recuerdo de las víctimas no alimenta la sed de venganza o la ira que enferma el alma personal y el alma de nuestro pueblo, tampoco como una necesidad enfermiza de hacer memoria de fatalidades de nuestras comunidades desalojadas violentamente. Sino que hacemos memoria y celebramos a los que resistieron ese proceso de debacle cultural y supieron encontrar como mantener su forma de ser guaraní.
Hacer memoria, hace bien
Con respecto al ejercicio de la memoria, El Papa francisco, en su encíclica Fratelli Tutti, sobre la amistad social dice que “Es fácil hoy caer en la tentación de dar vuelta la página diciendo que ya hace mucho tiempo que sucedió y que hay que mirar hacia adelante. ¡No, por Dios! Nunca se avanza sin memoria, no se evoluciona sin una memoria íntegra y luminosa. Necesitamos mantener «viva la llama de la conciencia colectiva, testificando a las generaciones venideras el horror de lo que sucedió» que «despierta y preserva de esta manera el recuerdo de las víctimas, para que la conciencia humana se fortalezca cada vez más contra todo deseo de dominación y destrucción». Esa memoria lo necesitan las mismas víctimas —personas, grupos sociales o naciones— para no ceder a la lógica que lleva a justificar las represalias y cualquier tipo de violencia en nombre del enorme mal que han sufrido. Por esto, sigue diciendo el Papa, no me refiero sólo a la memoria de los horrores, sino también al recuerdo de quienes, en medio de un contexto envenenado y corrupto fueron capaces de recuperar la dignidad y con pequeños o grandes gestos optaron por la solidaridad, el perdón, la fraternidad. Es muy sano hacer memoria del bien”.
En esta misma línea de la reflexión del Papa Francisco se coloca el recuerdo y el reclamo de las comunidades Ava guaraní paranaense.
Este seminario sobre derechos territoriales debe recordarnos la necesidad de favorecer en los sobrevivientes el ejercicio de la memoria justa, de celebrar a los que resistieron y de localizar a las víctimas. Además, debe proponer la formulación de políticas nacionales de reparación del daño histórico infringido contra estas comunidades y concretar de una o de otra manera la restitución de los territorios ancestrales.
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- Ponencia de Nilo Zárate en el Seminario “Derechos Territoriales de los Ava guarani Paranaense de Brasil y Paraguay. Avances, desafíos y oportunidades”, desarrollado en el Aula Magna de la Universidad Católica, Asunción, el 25 de setiembre, 2025


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