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Soberanía y Justicia: una mirada laica a la crisis regional


Por: Modesta Arévalo Dirigente de la Red Paraguaya de Laicos (REPAL)


Desde la Red Paraguaya de Laicos (REPAL), nuestra misión siempre ha sido iluminar la realidad social con la luz del Evangelio y el compromiso ciudadano. Hoy, esa misión nos exige profundizar nuestro análisis ante la grave convulsión geopolítica que sacude a nuestra región. Observamos con alarma intervenciones que ignoran los tratados internacionales y atropellan la soberanía nacional, como ha ocurrido con la extracción del presidente venezolano y su esposa por parte de los Estados Unidos (EE. UU.).


Como laicos organizados, no podemos ser espectadores mudos. Es imperativo acudir a la Doctrina Social de la Iglesia (DSI) como nuestra brújula ética y moral frente a la hegemonía. Desde la REPAL, sostenemos que cualquier forma de dominio de un Estado sobre otro es una vulneración directa del derecho de los pueblos a decidir su propio destino.


Los pilares de nuestra reflexión


Nuestra reflexión no nace del vacío, sino de los valores que promovemos en cada comunidad donde la Red tiene presencia. Siguiendo la Populorum Progressio, defendemos que las relaciones internacionales deben basarse en la verdad, la justicia, la solidaridad y la libertad.


Nos unimos a la voz del Papa Francisco para denunciar que la política internacional debe ser un servicio al bien común y no un instrumento de poder que perpetúa dependencias.


En la REPAL creemos firmemente que los conflictos deben resolverse mediante el diálogo y la participación ciudadana, nunca mediante presiones externas que solo agravan el sufrimiento de los más vulnerables.


El riesgo para nuestra Casa Común


Intervenciones externas generan riesgos sistémicos que nos afectan a todos los latinoamericanos. Estas acciones profundizan la polarización, debilitan los procesos de integración continental y limitan la autonomía de nuestros Estados para decidir sus propias políticas públicas. Al ignorar la institucionalidad, se siembra la semilla de la inestabilidad en toda la región.


Desafíos


Frente a este escenario, toda la ciudadanía comprometida debe orientar sus acciones hacia el fortalecimiento de la conciencia de una ciudadanía activa que defienda las instituciones y la soberanía desde sus propias comunidades; promueva, como pide el Santo Padre, espacios de diálogo sistemático para sanar las prácticas de violencia y exclusión; y, buscar una cooperación que se traduzca en alianzas respetuosas del ordenamiento jurídico de cada nación.


La paz no es simplemente la ausencia de conflicto; es, fundamentalmente, el fruto de la justicia. Solo respetando la soberanía y apostando por la democracia institucional podremos construir una región verdaderamente integrada y libre. Ese es el compromiso que tenemos los laicos frente a estos actos de injusticia y atropellos.

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