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Un Llamado a la Esperanza y al Bien Común para una Vida Digna

En el inicio del novenario a la Virgen de Caacupé, Monseñor Gabriel Escobar, del Vicariato del Chaco, realizó un vehemente llamado al respeto y la promoción del Bien Común para asegurar una vida digna a todos los paraguayos. Denunció, asimismo, que las autoridades no están cumpliendo con lo que exigen las instituciones del Estado en favor de la población, y que, en cambio, olvidan a las comunidades y utilizan los recursos y bienes públicos para provecho personal o corporativo. Como suele ocurrir año tras año, Caacupé es nuevamente el escenario donde los obispos, valientemente, levantan sus voces para hacerse eco de las miserabilidades y las distintas formas de opresión que sufre el pueblo.

 

Un primer aspecto que se debe señalar y valorar de la homilía de Monseñor Gabriel Escobar es la descripción y la identidad del lugar desde donde realiza sus reflexiones: desde la fe, pero una fe situada en las periferias geográficas y existenciales, al decir del Papa Francisco. Puso nombre a los paisajes chaqueños, mencionando a cada pueblo, compañía, comunidad y pueblo indígena, y describiendo la situación socioeconómica y cultural del lugar. Al iniciar, lamentó que muchos desearan llegar a Caacupé desde las comunidades alejadas del Chaco, pero no contaran con caminos disponibles. Esta primera y valedera observación sitúa su perspectiva de la fe cristiana, pues al describir las realidades concretas del Chaco, nos acerca y se aleja de las narraciones muchas veces lejanas a nosotros. Un Cristo cercano, aunque en un terreno desértico.

Un segundo aspecto de ubicación del lugar desde donde predica la fe es el Bien Común, principio de la Doctrina Social de la Iglesia. Los obispos del Paraguay han decidido que el año 2026 sea dedicado a las reflexiones y acciones relacionadas con el Bien Común. Desde la apertura a Dios, se busca promover este bien para una vida digna. «Para lograr esto, es necesario abrirse totalmente a Dios, quien en su encuentro con el hombre solo busca humanizar y abrir caminos de esperanza para la humanidad misma». Monseñor Escobar afirmó que «estamos defraudados y engañados por quienes nos prometieron servir al pueblo y promover el bien común para una vida más digna y llevadera para todos los paraguayos». Señaló un grave error en la conducción del país, específicamente en una de las misiones de gobierno que «se presenta al país como un lugar ideal para realizar grandes eventos e inversiones», pero dejando de lado, olvidando y desamparando «a los paraguayos de tierra adentro y a ese paraguayo que día a día debe rezar a Dios y a la Virgen para que el dinero le alcance para terminar la semana, el mes y el año».

 

Murmuración, descontento y desigualdad

Al igual que el Pueblo de Dios que deambuló en el desierto, murmurando y confundido, e incluso levantándose en contra de quien Dios había enviado, en Paraguay también existen murmuraciones y descontentos en la población. Y no sin razón, pues el bien común que debería prevalecer «no es bien utilizado por las personas que se comprometieron a servir a su pueblo y no a servirse de él». Con la conducta inmoral y muchas veces ilegal de los gobernantes, las «instituciones públicas ‘hacen agua’ por todas partes», mientras «Don Pueblo no ve una mejoría ni aumento en su sueldo ni en su calidad de vida; al contrario, hay una precarización de sus conquistas». Denunció que ciertos poderosos y estamentos de la sociedad «se aumentan el sueldo sin justificación alguna, mientras el pueblo debe organizar polladas, rifas y manifestaciones para pagar por la salud de sus seres queridos… Los “de arriba” tienen los mejores seguros pagados por el pueblo».

Mencionó con tristeza la noticia de que en el Instituto Nacional del Cáncer (INCAN) se había constatado «una pobre o mala alimentación» que debilita el sistema inmunológico de los pacientes, sumándose a los constantes e interminables problemas de atención y provisión de medicamentos en el IPS. Además, «Don Pueblo debe sacrificar horas de sueño y de compartir con su familia a consecuencia del mal servicio y las reguladas del transporte público. Sin embargo, los de arriba tienen y se manejan con sus autos y camionetas de alta gama».

Un pedazo de tierra, Justicia y seguridad pendientes

En la pintura que hace de la realidad paraguaya, Monseñor Escobar manifiesta que «el pueblo debe rogar y luchar para conseguir un pedazo de tierra para vivir dignamente con su familia». Los campesinos e indígenas que deberían beneficiarse de la reforma agraria «viven en zozobra y sufren constantemente amenazas de desalojo. Y si consiguen tierra, lo hacen muchas veces a precios millonarios». Denuncia, además, la «mafiada» en la no entrega de tierras a campesinos e indígenas. Del otro lado, como hermano de la mezquindad, «los ‘manguruyúes’ entregan y venden a precios irrisorios tierras del Estado y lugares estratégicos», como se denunció en el caso de tierras en el distrito de Carmelo Peralta o lo que sucede con los «casadeños».

En cuanto a la justicia, lamentó que sea muy lenta, costosa y muchas veces ineficiente. «La justicia tardía no es justicia». El pobre, muchas veces, no denuncia porque no tiene la seguridad de ser escuchado y sabe que no se le hará justicia. Señaló la presencia de autoridades en el Estado sin el perfil correspondiente y pidió una Fiscalía más profesional y empática, que se preocupe por el bien común, el medio ambiente y el ciudadano, como en el caso de la gran quemazón del Chaco, que calificó como un «Ecocidio», y en el que hasta ahora no se ha hecho justicia. Asimismo, pidió acompañar a los familiares que siguen llorando la desaparición de sus seres queridos, secuestrados, como el exvicepresidente Óscar Denis, el señor Félix Urbieta y el señor Evelio Morínigo, a quienes aún no pueden darles santa sepultura.

 

Educación y compromiso

En cuanto a la Educación, sentenció: «Necesitamos una educación equitativa para todos los paraguayos, pues, así como está, no da para más. Necesitamos reformas de fondo, no de forma». Instó a las autoridades nacionales a utilizar el dinero del pueblo para el pueblo y condenó el anuncio de aumentos de impuestos y tarifas de los servicios públicos. Pidió priorizar la inversión en la salud, la educación, el trabajo y la seguridad, utilizando bien el dinero de las binacionales. Reiteró el pedido de que las autoridades se acerquen al pueblo, que visiten y recorran las instituciones públicas, las ciudades, los hospitales, las escuelas, los asentamientos y distritos, «para ver y sentir la necesidad acuciante de ese pueblo paraguayo de a pie. Nuestro pueblo sencillo de a pie merece también estar mejor, y no solo unos cuantos ‘socios'».

Finalmente, realizó un llamado a todos, mencionando que las personas se preocupan mucho por el cuerpo, pero no hacen nada por cuidar el alma: «No solo de pan vive el hombre». La invitación es a acercarse a Cristo, el Pan de Vida, y dejarlo actuar. Recalcó que, teniendo en cuenta que «de nada sirve al hombre ganar el mundo entero si pierde su alma», nuestro «compromiso de promover el bien común para una vida digna se debe notar y palpar en nuestras acciones», en el hogar y en el compromiso diario.

 

De la reflexión a la acción: Agenda de esperanza y dignidad        

Las profundas reflexiones de Monseñor Gabriel Escobar, enmarcadas en la Doctrina Social de la Iglesia, ofrecen un diagnóstico claro de la realidad nacional. Se podría observar, desde la metodología de la Doctrina Social de la Iglesia: Ver, Juzgar y Obrar, un acercamiento de la situación que vivimos, y, desde el punto de vista metodológico, podríamos exponer que se ha cumplir como dos objetivos del método: Ver y juzgar. Herramientas preciosas para dar el siguiente paso.

¿Cómo desarmar todas estas plagas que afectan a la humanidad? Y el siguiente paso es el Actuar. A partir de este discernimiento, es necesario avanzar y no quedarnos en “la oración final”. Un ejercicio para encontrar acciones necesarias como cristianos, laicos, clero, religiosos y a toda la ciudadanía nos lleva a los siguientes objetivos:

Objetivos estructurales, el horizonte del Bien Común

Los objetivos principales deben apuntar a la transformación estructural del país, asegurando que las instituciones sirvan a la población y promuevan la dignidad de la persona humana.

  1. Lograr la Plena Implementación y Defensa del Bien Común con la meta de erradicar el uso de los recursos públicos para provecho personal o corporativo, y asegurar que todas las acciones estatales y privadas se orienten a la dignidad y el desarrollo integral de todos los paraguayos, tal como lo exige el principio de la Doctrina Social de la Iglesia.
  2. Establecer un acceso justo y equitativo a la Tierra y recursos revirtiendo la precarización de la vida rural y la explotación. El objetivo es que campesinos e indígenas puedan acceder a un pedazo de tierra a precios justos o a través de una reforma agraria efectiva, eliminando las amenazas de desalojo y la venta ilegal de tierras estatales por parte de los «manguruyúes».
  3. Erradicar la impunidad y fortalecer la Ética Pública construyendo un sistema de justicia eficiente, rápido y accesible para todos, que castigue la corrupción y la ilegalidad de los gobernantes. Esto incluye la profesionalización de la Fiscalía y la exigencia de perfiles idóneos para los cargos públicos, asegurando que las instituciones públicas dejen de «hacer agua».
Acciones inmediatas: incidencia y movilización ciudadana

Estos objetivos se enfocan en acciones concretas que deben ser impulsadas de manera inmediata por la ciudadanía y las comunidades de fe, generando presión y cambio desde la base.

  1. Impulsar la incidencia ciudadana por la inversión social prioritaria exigiendo a las autoridades la utilización transparente y prioritaria del dinero público (incluyendo recursos de las binacionales) para la salud, la educación y la seguridad, condenando y movilizándose contra el aumento injustificado de impuestos y tarifas de servicios básicos. De forma específica, garantizar la provisión digna de alimentos y medicamentos en hospitales públicos (ej. INCAN, IPS) y promover la reforma urgente de una educación equitativa y de calidad.
  2. Promover la empatía social y la presencia de autoridades instando a laicos, clero y religiosos a un mayor acompañamiento pastoral y social de las periferias geográficas y existenciales. Se debe presionar a las autoridades para que visiten y recorran hospitales, escuelas y asentamientos (el «pueblo paraguayo de a pie») para que «vean y sientan la necesidad acuciante», cumpliendo su rol de servidores y no solo de «socios».
  3. Fomentar la formación integral y espiritual, reforzando la formación cristiana (laical y pastoral) la conexión entre la fe y el compromiso social. El objetivo es que cada creyente entienda que su compromiso por el Bien Común debe «notarse y palparse» en sus acciones diarias, recordándoles que «no solo de pan vive el hombre» y que la vida digna pasa por el cuidado del alma.

Estos objetivos buscan transformar la queja y el descontento en una esperanza activa y organizada, edificando una sociedad más justa donde la dignidad humana y el servicio primen sobre el provecho personal.

 

Un horizonte de anhelos y la semilla de la Esperanza

El camino señalado por Monseñor Escobar, desde la cruda realidad hasta el llamado a la acción, desemboca naturalmente en el anhelo profundo de una sociedad redimida. Soñamos con un Paraguay donde la tierra no sea una mercancía, sino un hogar; donde el campesino y el indígena, libres de zozobra y desalojo, labren su porción de suelo con la certeza de la justicia y la recompensa. Aspiramos a una nación donde el Bien Común no sea una frase de púlpito o de campaña, sino la trama misma de la vida política: un espacio pragmático donde el dinero de las binacionales se traduzca en escuelas dignas, hospitales equipados y caminos transitables para todos, no solo para unos cuantos «socios». La poesía de este sueño radica en ver al ciudadano de a pie, aquel que «reza para terminar el mes», elevándose a una vida de dignidad plena, sabiendo que el Estado es su garante y no su verdugo; una sociedad donde la ética pública sea el cimiento inamovible que destierre la sombra de la corrupción y la impunidad.

Este horizonte de esperanza nos impele a creer en un nuevo amanecer político y social. Nuestro sueño es una sociedad fraterna, donde la murmuración y el descontento se transformen en la voz organizada de la ciudadanía que fiscaliza y exige, no que mendiga. Es un llamado a la acción cívica, donde el clero y los laicos, bebiendo de la fuente de Cristo, el Pan de Vida, se conviertan en levadura y sal, humanizando las estructuras y promoviendo el encuentro. Anhelamos que el ‘Ecocidio’ sea una página de historia antigua y la justicia sea pronta, accesible y equitativa. Es la visión aspiracional de un país que, lejos de ser solo un «lugar ideal para grandes inversiones» para foráneos, se convierta en la tierra prometida para sus propios hijos: un espacio donde la equidad educativa abra oportunidades a todos, y la visita de las autoridades a la periferia sea una práctica habitual de servicio, demostrando que, en Paraguay, la vida digna no es un privilegio, sino el derecho irrenunciable de cada persona.

 

Oscar Rubén Cáceres J.

REPAL

osruben@yahoo.com

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