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La causa de los males

Por Joaquin Silva

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La causa principal de los males del Paraguay es la concentración de las riquezas en un grupo numérico reducido. Un 1% de la población detenta más del 50% de las riquezas. La otra causa es la falta de ejercicio pleno sobre la soberanía energética. Junto a ese estado, que existe primordialmente para defender a esa oligarquía y entregar la soberanía al capital internacional, convive la corrupción, como una especie de concesión a los politiqueros y funcionarios mercenarios del sistema. Esos mercenarios que aspiran a convertirse, en algún momento, en oligarcas.

 

Ese sistema de explotación se expresa, y está presente en los tres poderes del Estado. Cómo transformar ese estado oligárquico y vendepatria en un estado más democrático; social, económica y políticamente hablando. No es una tarea fácil desmontar un sistema de leyes, instituciones y tradiciones que se ha generado durante cientos de años. Es difícil, pero no imposible. La democratización del sistema tributario y la conquista de la soberanía energética son las tareas estratégicas que llevar adelante. La corrupción que desangra ese presupuesto ya injusto debe ser fuertemente juzgada y condenada.

¿Como lograrlo? La única forma es conquistar el poder político y dar un equilibrio a los dos grandes actores del desarrollo: capitalistas y trabajadores.

La explosión social anárquica, sin objetivos y metas bien establecidas no es la solución. Incluso, puede ser peligrosa; porque en ella pueden justificarse los oligarcas y los imperialistas para reprimir y derrotar a las fuerzas sociales progresistas. La manifestación expresa una voluntad política, económica y social del deseo de cambio. Debemos continuar desarrollándolas como metodología de lucha, dentro de una estrategia de resistencia civil nacional cada día más masiva. Tratar de eliminar el sistema de partidos políticos es caminar hacia las dictaduras. El sistema de partidos y sus leyes si necesitan un proceso de transformación democrática profunda. Tampoco es cuestión de estigmatizar a los políticos cuando todos sabemos que, aunque hoy en minoría, muchos lideran y luchan por este cambio necesario. Darle una estructura y un programa político a esta energía creciente de las masas es imprescindible. Y entonces, esa unión diversa de fuerzas progresistas logrará la conquista del poder y la transformación democrática de la sociedad.

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