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Edgar Morin: El pensador de la complejidad como arquitecto de la emancipación de nuestros pueblos

Edgar Morin nos dejó hoy, a los 104 años, tras una vida intensa y fructífera. Desde las aulas y las esferas más altas de la educación y la cultura, pasando por su labor en la UNESCO hasta su presencia en la sociedad civil, este educador y sociólogo extendió su legado más allá de su territorio natal, alcanzando los confines de la Tierra. Morin destruyó el pensamiento matemático y simplificador mediante una epistemología de la complejidad que ha servido como arquitectura intelectual para nuestras luchas de liberación en el Sur Global.

Desde el Instituto Latinoamericano de Comunicación JUAN DIAZ BORDENAVE, nuestro homenaje.

 

Morin formó parte de una inmensa comunidad global y mantuvo lazos estrechos con pensadores latinoamericanos como Paulo Freire, Juan Díaz Bordenave, Luis Ramiro Beltrán y tantos otros grandes nombres e instituciones que continúan batallando por la emancipación humana frente a las «verdades opresoras», (Ilógico, ¿no: verdad que oprime)

Su pensamiento y sus teorías complejas forman parte de nuestro sistema educativo y de las políticas públicas. Sin embargo, sus ideas han sido cuestionadas en nuestro país cuando se discutía una «transformación educativa», atacada por sectores de poder hegemónico que defienden un pensamiento disfrazado bajo el lema «Dios, patria y familia».

El «caracú» de su pensamiento

No es fácil entenderlo, más aún cuando existe una campaña e ingeniería social y política diseñada para evitarlo. Nuestra sociedad está condicionada por un maniqueísmo dicotómico: lo «bueno y lo malo», lo «blanco y lo negro». Esto impulsa una simplificación que enaniza, reprime y demoniza el «pensamiento otro».

Morin nos plantea que la realidad no es un objeto que deba ser diseccionado —es decir, dividido en partes donde solo importa el fragmento—, sino un tejido donde lo global y lo particular, lo simple y lo complejo, se entrelazan de modo inseparable.

Hoy, esta narrativa contraria al antropocentrismo nos señala que existe una conexión indisoluble entre la vida humana, la naturaleza, el mundo espiritual y la cultura. Es un todo interconectado e interdependiente: si se afecta una parte, se afecta el todo. Es, precisamente, lo que se nos reclama en el «cuidado de la Casa Común» o la defensa del «Bien Común».

En el campo educativo, comunicacional y cultural ocurre lo mismo. Si antes se nos planteaba que cada profesional debía limitarse a su especialidad o disciplina, con el pensamiento complejo descubrimos la necesidad de interacción, el trabajo conjunto y la transdisciplinariedad.

Un planteamiento para nuestro tiempo

Junto a la UNESCO, y con el aporte de otros estudiosos, Edgar Morin desarrolló un esquema que, para facilitar su comprensión, titularon los «siete saberes», los cuales se resumen en:

  • Curar la ceguera del conocimiento

Nos recuerda la fragilidad de nuestros conocimientos y certezas. Educar para la crítica y la reflexividad es nuestra primera barrera contra la ilusión.

  • Garantizar el conocimiento pertinente

En un mundo inundado de datos, nos provee una brújula para relacionar el todo con las partes.

  • Enseñar la condición humana

El desafío de integrar el bucle individuo-sociedad-especie y cerebro-mente-cultura, un gran aporte para situarnos en nuestra verdadera dimensión.

  • La identidad terrenal

Es necesario fomentar una conciencia planetaria y el sentido de pertenencia a la Tierra como «patria común» o «Bien Común», lo que nos lleva a una educación con perspectiva ecológica, cívica y espiritual.

  • Enfrentar las incertidumbres

Uno de los mayores desafíos para nuestra conciencia es buscar y navegar en el «océano de incertidumbres» sin miedo.

  • Enseñar la comprensión

Existe la necesidad de promover la empatía, la tolerancia y la apertura hacia otras culturas y formas de vida; combatir el egoísmo, el etnocentrismo y el sociocentrismo, vinculando la comprensión con la democracia abierta.

  • La ética del género humano

Es imperativo educarnos en una ética que abarque individuo, sociedad y especie, fomentando la democracia en un marco de respeto a la diversidad y ciudadanía global, superando la fragmentación de saberes y fomentando una visión circular entre lo simple y lo complejo.

Morin en Latinoamérica y nuestros pueblos

Aunque Morin tenga un origen europeo, su obra mantiene una feliz convergencia con el espíritu crítico y decolonial de nuestra comunidad latinoamericana.

Algunos afirman que la Escuela Latinoamericana de Comunicación (ELAC), donde convergen Freire y Díaz Bordenave, aportó la «chispa política y social»: una praxis situada, la comunicación y educación participativa y la lucha contra la educación bancaria. Por su parte, Morin brindó una arquitectura epistemológica que otorga soporte a nuestra resistencia frente al paradigma difusionista, que trataba al sujeto de la comunicación como un ente pasivo. Asimismo, su obra permite la emergencia de todos los saberes populares frente a la ciencia reduccionista occidental.

Nuestro Homenaje

Edgar Morin nos deja la tarea de seguir tejiendo. Desde el Instituto «Juan Díaz Bordenave», reafirmamos que su visión es nuestra hoja de ruta. La complejidad es la vía para la emancipación. Seguiremos sumando su arquitectura epistemológica a nuestra praxis latinoamericana, convencidos de que, para ser libres en un mundo incierto, la única opción es aprender a navegar, con rigor y pasión, la complejidad de la vida.

 

Instituto Latinoamericano de Comunicación

JUAN DIAZ BORDENAVE

 

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