La organización «Laicos por el cambio- Tetägua Remiandu” dirigió una nota a Monseñor Adalberto Martínez Flores, presidente de la Conferencia Episcopal paraguaya, CEP, en la que expresa preocupación sobre la situación que vive nuestro país, “en una sociedad de grandes desigualdades económicas, sociales y culturales” y expresa a la Conferencia Episcopal que es la autoridad que puede hacer un gran aporte de orientación impulsando una campaña en la línea marcada por el Papa Francisco en el sentido de decir “no a una economía de exclusión” y “pensar, imaginar, diseñar un nuevo modelo de desarrollo para superar el neoliberalismo y el capitalismo salvaje, que la pandemia revela más que nunca que están fracasando”, según datos aportados por la CEPAL.
La nota tiene fecha del 3 de noviembre y está firmada por varios laicos entre las que se encuentran Carlos Garay, Mario Urbieta, Pedro Parra Gaona, Juan Manuel Peralta, Virginio Torres, Berna Pino, Dionisio Gauto, Rodolfo Romero, Josefina Frasquerí, Rosi Rolón, Mario Parra Gaona, entre otros. La carta íntegramente expresa cuanto sigue:
Como laicos comprometidos con el cambio, grupo “Tetägua Remiandu”, tenemos el agrado de dirigirnos a Usted y por su intermedio a todos los Obispos reunidos en Asamblea, con el fin de manifestarles nuestras preocupaciones, que sabemos son también las de ustedes, sobre la actual situación que vive nuestro país.
Vivimos una sociedad de grandes desigualdades
1.- En nuestro país vivimos en una sociedad de grandes y graves desigualdades económicas, sociales y culturales. La brecha entre ricos cada vez más ricos y pobres cada vez más pobres, va creciendo peligrosamente, ya que puede llevar a un estallido social. “Que los gobernantes se cuiden del cansancio de los buenos” (Pio XII). Hay una minoría que vive demasiado bien y una gran mayoría que vive demasiado mal.
2.- La minoría privilegiada, apenas si alcanza el 10% de la población, está compuesta por la plutocracia, la oligarquía y sus acompañantes, que vive a costilla del Estado, o sea del pueblo contribuyente. Se encuentra en el gobierno nacional, departamental, municipal, en los entes descentralizados y binacionales, haciendo uso y abuso del dinero del pueblo. Sus acompañantes son del clientelismo político, amiguismo, nepotismo: toda la familia y parentela ingresa a la función pública, sin importar la idoneidad ni la necesidad de su función. Se habla de 350.000 funcionarios públicos, pero según otros serían unos 500.000.
La situación económica va de mal en peor
3.- Esta situación va de mal en peor, porque ya no hay diferencias de colores y partidos. Los que están en el poder se unen en función de sus intereses personales, familiares y grupales, dentro de una generalizada corrupción e impunidad. El 80% de los ingresos tributarios está destinado al pago de los salarios de estos funcionarios. Esto que sucede a nivel nacional, también se replica a nivel departamental y municipal, con los Royalties, el Fonacide, los fondos sociales de los Binacionales. El Estado viene a ser como una cabeza muy grande y pesada sobre piernas flacas y débiles, que es el pueblo. Y todavía nos hablan de Reforma del Estado.
4.- La gran mayoría vive muy mal: en la pobreza, miseria, ignorancia, hambre; con grandes desigualdades en la tenencia de tierra, salud, educación, empleo, salario, vivienda, seguridad, acceso a la justicia. Paraguay es el país de mayores desigualdades sociales. Aquí se cumple lo de Medellín (2,3): “pocos tienen mucho (cultura, riqueza, poder, prestigio) mientras muchos tienen poco”.
La tenencia de la tierra está concentrada y es preocupante
5.- El problema de la tierra es cada vez más preocupante: el 2% de propietarios controla más del 80% de las tierras y de las aguas. Las tierras mal habidas son 7.851.295 hectáreas, según la CVJ. Los extranjeros, brasileños principalmente, ocupan cerca del 35% de las tierras. Desde 1999 entra el capitalismo agrario con la soja transgénica, con despojos de campesinos e indígenas de sus tierras. Esto nos recuerda las palabras del Arzobispo Juan Sinforiano Bogarín: “Después de mi desaparición de esta tierra que tanto amo, no quisiera que sus hijos viniesen a ser esclavos del capital extranjero”.
6.- Las injustas desigualdades sociales conspiran contra una convivencia fraterna y pacífica en el país. Una sociedad injusta es también una sociedad violenta. ”¿Qué paz puede haber entre el rico y el pobre? Los burros salvajes son presa de los leones en el desierto; así los pobres son presa de los ricos” (Eclesiástico 13, 18-19). Es lo que vemos en los violentos desalojos de campesinos e indígenas de sus tierras. Nuestro país está perdiendo su soberanía territorial, y con ella su soberanía social, económica, cultural y alimentaria.
Insistir en el “destino universal de los bienes creados” de la doctrina social de la Iglesia
7.- Creemos necesario insistir en la difusión de la Doctrina Social de la Iglesia, sobre todo en el “destino universal de los bienes creados” (G.S. 69) y en la necesaria vigencia del bien común (G.S. 26). Y a nivel del Estado, que se cumpla la Constitución que, si bien garantiza la propiedad privada, debe cumplir su “función económica y social, para hacerla accesible a todos” (art. 109); lo mismo que el aseguramiento y el respeto de las tierras indígenas, tan bien protegidas desde el artículo 62 al 67 de la Constitución.
8.- Compartimos las preocupaciones que vienen del Papa Francisco, como las expresadas en Laudato Si : la ecología integral y la sinodalidad (del Sínodo Panamazónico), que quiere una sinergia de todas las fuerzas eclesiales, jerarquía y laicado, hombres y mujeres, para responder a los desafíos del mundo actual. Y con Francisco también podemos decir: No a una economía de exclusión social. No a la nueva idolatría del dinero. No al poder dominio; el poder es servicio. Sí a la libertad, a la democracia, a la justicia social. Sí a la alegría del Evangelio.
La democracia está amenazada
9.- Es altamente preocupante las tres grandes crisis que se confabulan contra los intereses nacionales y populares, y contra el humanismo integral y que lo sintetizamos de la siguiente manera:
9.1 La crisis política, por la alta corrupción ‘ impunidad, el avance del autoritarismo y la descalificación creciente de todo lo que debe representar el Parlamento de la Nación y las diferentes Instituciones de la Republica. La democracia está amenazada. La dictadura parece querer renacer.
9.2 La crisis económica financiera, con un déficit fiscal del 7%, con una DEUDA EXTERNA amenazante, poniendo en riesgo nuestro futuro como nación soberana y las declaraciones del nuevo Ministro de Hacienda, quien afirma que no habrá nuevos impuestos, sabiendo que los ricos casi no pagan impuestos y se producen peligrosas evasiones de divisas, fiscales, etc. Y todo avanza peligrosamente en la dinámica de la privatización: menos estado y más mercado, mientras la CEPAL, organismo especializado de la ONU para la economía latinoamericana, expresa en forma terminante este no es el tiempo del mercado. Es el tiempo del Estado. Las políticas públicas son la vía para superar la crisis, ya que la recesión tendrá duración.
Y el trabajo es tratado simplemente como mercancía, negando en la practica la existencia del mundo del trabajo como sujeto histórico, como lo establece claramente el Papa Juan Pablo II en su Encíclica el trabajo humano Laborem Exercens, donde se expresa que el trabajo tiene prioridad sobre el capital.
9.3 La crisis social, con la agudización de los conflictos sociales, se violentan los Derechos Humanos, los Derechos Ambientales, los Derechos de Asociación, en especial la libertad sindical. La patronal impide la formación de sindicatos en los centros de trabajo, y el campesinado se desintegra dispersa cada vez más. El Papa Francisco hace un explícito llamado a la solidaridad social, que solamente se manifiesta en las ollas populares.
Diseñar un nuevo modelo de desarrollo
10.- Consideramos que nuestra CEP, puede hacer un gran aporte doctrinario y de orientación para poner en marcha en nuestro país lo que nos indica Francisco cuando nos habla de un no a una economía de exclusión, y la CEPAL nos propone pensar, imaginar, diseñar un nuevo modelo de desarrollo para superar el neoliberalismo y el capitalismo salvaje, que la pandemia revela más que nunca que están fracasando.
Los cristianos comprometidos con el cambio, tenemos la mejor disposición de realizar nuestro aporte en la búsqueda de la realización del bien común y lograr el destino universal de los bienes como nos indica claramente el Evangelio y la Doctrina Social Cristiana. La reforma agraria, Itaipu, Jasyreta y otras disposiciones, como lo dispone nuestra Constitución Nacional, es uno de los caminos para encarar con seriedad. Los bienes no pueden estar acumulados y concentrados en manos de unos pocos, en contradicción con las enseñanzas de la Iglesia que tiene una opción preferencial por los pobres. La gracia de Dios tiene un destino universal.



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